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El ocio que no tiene obstáculos

El Pais

Compañías de teatro, asociaciones deportivas y museos organizan actividades e idean obras destinadas a promover en Madrid la oferta adaptada para personas con discapacidad sensorial

La música suena y en las pantallas varios intérpretes traducen a lengua de signos las canciones que salen a todo volumen de los altavoces. El suelo vibra y los jóvenes piden las copas hablando con las manos. Así era la primera discoteca adaptada para sordos y oyentes del mundo, que abrió sus puertas a finales de 2012 en Madrid. Su aventura no duró más que seis meses y cerró por falta de público. Christian Gordo, sordo de nacimiento, nunca tuvo la oportunidad de ir. “Solo abrían los jueves de nueve a dos de la madrugada. Un local de noche que cierra los viernes y los sábados no tenía ningún sentido”, sostiene este madrileño de 36 años, que opina que esto sería impensable en una discoteca para oyentes.

Con esta idea, Gordo reflexiona sobre la escasez de actividades de ocio adaptadas a personas con discapacidad sensorial en Madrid, una ciudad que cuenta con una enorme oferta cultural y que, sin embargo, todavía está lejos de integrar a personas sordas y ciegas en el ocio apabullante de la capital. Habla rápido con las manos mientras su novia traduce y asegura que es posible un ocio inclusivo para todos. “Por eso decidí convertirme en actor. Quiero demostrar la viabilidad de mi afirmación”, sentencia al terminar su función Mano a mano en la sala Kubik de Usera.

A este madrileño siempre le gustó actuar y, cuando tuvo edad suficiente, eligió su profesión sin pensarlo. Desde entonces interpreta sus papeles sin más voz que las manos. En su último trabajo, narra, junto a la actriz vidente y oyente Marga Labarga, historias en lengua de signos y oralmente de forma simultánea. “De este modo, todos los niños pueden disfrutar del teatro, sin importar la discapacidad”, asegura la artista, creadora del espectáculo.

Esta forma de hacer funciones inclusivas nació de Teatro Accesible, una iniciativa pionera cuyo objetivo es crear, fomentar y recoger toda la oferta de teatro adaptado para personas con discapacidad sensorial. “Queremos que este colectivo pueda asistir a obras de teatro de forma normalizada con familiares o amigos”, explica Beatriz Leronés, responsable de comunicación del proyecto, que se puso en marcha gracias a la Fundación Vodafone España, la asociación Psiquiatría y Vida y la empresa Aptent, Be Accessible!

El teatro María Guerrero o el Valle-Inclán son dos de las salas colaboradoras más activas de esta iniciativa, lo que permite al público con discapacidad disfrutar de las tablas en salas de renombre, así como ver grandes clásicos como Los Macbez (23 de mayo) o Como gustéis (11, 12 y 13 de junio). Lo escuchan o lo ven a través de unos pequeños estuches conectados a un discreto auricular, ya configurados para la discapacidad de cada persona. En algunas ocasiones, las obras cuentan también con un traductor a lengua de signos y con pantallas que muestran los subtítulos de la función.

Pero hay más teatro que el organizado por este proyecto. La agrupación La Luciérnaga, perteneciente a la ONCE y compuesta en su mayor parte por personas ciegas y con discapacidad visual, lleva casi 30 años sobre las tablas y más de 20 obras a sus espaldas. La próxima, Quien va, la presentarán el 21 de junio en la pequeña localidad madrileña de Moralzarzal. “No son funciones para ciegos, sino hechas por ciegos y para todos”, puntualiza Fernando Lozano, miembro de la agrupación. También la compañía El Grito, integrada por actores sordos e intérpretes de signos, reivindican la integración en los escenarios y en los auditorios.

El teatro avanza hacia inclusión, pero con el cine no sucede lo mismo. "Yo voy a ver películas en versión original a los Ideal, pero son todas extranjeras. Cuando quiero ver cine español me encuentro con un problema: no están subtituladas", señala Gordo en lengua de signos. Los únicos cines adaptados para ambas discapacidades son los Dream-Palacio de Hielo y los títulos son más bien escasos. “Dependemos de las distribuidoras y de la empresa que nos proporciona todo el material audiodescrito y subtitulado”, explica Isaac Dorrego, portavoz de la sala, que cuenta que su sistema es muy sencillo. Tienen una pantalla de 5x0,5 metros debajo de la de proyección, donde las personas con discapacidad auditiva pueden seguir los diálogos de la película en forma de subtítulos coloreados. Por su parte, los ciegos disponen de unos cascos inalámbricos que se entregan a la entrada de la sala. “Estas herramientas son gratuitas y no crean ninguna molestia a los demás espectadores, lo que normaliza esta iniciativa”, apunta Dorrego al tiempo que anuncia la proyección de Ocho apellidos vascos hasta el 29 de mayo.

Los grandes museos de la ciudad no se quedan atrás. El Thyssen-Bornemisza, el Prado y el Reina Sofía cuentan con actividades accesibles para personas con discapacidad sensorial. Santiago González ya está familiarizado con esta clase de visitas, ya que lleva desde el año 2006 organizándolas y guiándolas en el museo Reina Sofía. Aquellas pensadas para personas con discapacidad auditiva son a la carta y se desarrollan según las necesidades del público. “Pueden solicitar un intérprete. Sin embargo, para fomentar la participación de este colectivo, organizamos visitas con guía y traductor en lengua de signos aptas para cualquier público”, explica González.
Con las visitas para personas con discapacidad visual es diferente. Pueden elegir entre dos opciones: museo a mano o visitas descriptivas. Con la primera opción se profundiza en las esculturas de la colección y permiten a los participantes explorar las obras con las manos. En la segunda, los cuadros no se pueden tocar, por lo que hacen una minuciosa descripción acompañada de láminas en relieve, que acercan al público a artistas como Dalí o a Picasso.

Sin embargo, los que quieran ir más allá y conocer de cerca el mundo de la ceguera parcial o total deberían pasar por el Museo Tiflológico. Lo más atractivo son las maquetas en miniatura de grandes monumentos internacionales y nacionales. El Taj Majal, el Arco del Triunfo, el Escorial, el Coliseo o la Torre Eiffel están entre ellos. La idea es que los ciegos conozcan (o reconozcan) esas construcciones tan famosas de primera mano. No obstante, lo más interesante del espacio son las fantásticas obras de artistas con discapacidad visual, así como el material tiflológico, es decir, aquél que explica la historia de este colectivo y su evolución con el paso de los años.

Pero no todo el ocio es cultura. El deporte también ha logrado hacerse un hueco gracias a asociaciones como la Federación Española de Deportes para Ciegos. Para Ismael Martínez fue un regalo descubrirla. Este profesor de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid perdió la vista a los 10 años debido a una enfermedad. Hace solo seis, a los 49, decidió introducirse en el mundo del montañismo para ciegos y competir en una carrera de montaña. “La sensación de libertad, de grandiosidad, fue maravillosa”, recuerda. Desde entonces, no ha dejado de hacerlo. La última que vez que compitió lo hizo en una carrera de montaña al uso, en la que todos, menos él, eran videntes. Con su barra bidireccional y dos personas que lo guiaban llegó a la meta satisfecho con su marca.

El sistema para hacer montañismo para ciegos nació en España hace más de 20 años y, según apunta Francis Bueno, coordinador técnico del grupo de montaña de la ONCE en Madrid, solo se practica en nuestro país. “Usamos una barra de dos o tres metros de largo a las que se agarra la persona con discapacidad y los dos guías, uno delante y otro detrás”, explica Darío Carreras, director técnico de montaña de la Federación.

Este sistema, unido a unas actuaciones formativas desarrolladas a lo largo de los años, ha permitido a montañeros ciegos realizar marchas de tres, cinco u ocho horas en montañas peninsulares y en cumbres internacionales. “En Madrid salimos al menos una vez al mes y siempre llenamos el autobús”, concluye orgulloso Carreras, que reivindica que este deporte como uno de los más sociales y agradecidos. Una opción de ocio adaptada en toda regla.

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